Política

Para Milei, el infierno son los otros

Política 2026-09-29 06:00:07

Los números de la economía y las interpretaciones del Presidente; Bullrich, ¿otra candidata para el mismo modelo?; a París, en busca de inversiones; Massa, ansioso por fustigar a Kicillof; la elección globalizada en Brasil

En el frontispicio del Instituto Nacional de Estadísticas italiano, en Roma, con sede en un edificio de la época del fascismo, aparece una leyenda: “Los números son el fundamento de la República”. Es una afirmación que supone que, en la base de toda discusión política, hay un elemento último objetivo: los números. Es un debate que aspira, por lo menos, a ser científico, con una posibilidad de referencia compartida a los números como una especie de evidencia indiscutible. Este es el horizonte utópico de la política, de quienes aspiran a que sea una actividad racional.

Pero la política no es así. Está cruzada por el deseo, la ambición, la voluntad del poder. Es capaz, si no distorsiona los números, de interpretarlos de una manera que aleja la discusión de lo que podría tratarse de un intercambio académico. En este problema se encuentra envuelta la Argentina nuevamente, tratando de descifrar qué punto de vista hay que adoptar para entender lo que dicen los números de la economía.

Para Milei, el infierno son los otros. El editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina

Cuando las opiniones se radicalizan, la aspiración por encontrar un campo común sobre el cual fundar una imagen verdadera de las cosas es todavía más difícil. Así como se dice habitualmente que en la guerra la primera que muere es la verdad, en los ambientes políticos radicalizados también perece.

El presidente Javier Milei está en una situación parecida a la que vivieron algunos de sus antecesores, principalmente tres: Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. Al igual que estos expresidentes, debe justificar la falta de dinamismo en la economía, un aspecto que había prometido, y que es esperable para que la gente esté satisfecha.

En ninguno de los tres casos anteriores se admitió que el enfriamiento de la economía se debía a características de la propia gestión económica y a su concepción. Menem le imputaba el problema, con alguna razón, al “efecto tequila”, que tuvo impacto en los mercados emergentes debido a la crisis en México. Menem prometía que, así como había pulverizado la inflación, iba a pulverizar el desempleo. En el mes de junio de 1995, tan solo un mes después de los comicios con los que consiguió la reelección, el desempleo era 18,6%. Fue el drama de Menem hasta que terminó su segundo mandato.

Aquel problema lo heredaría De la Rúa, quien decía que estaban todas las condiciones dadas para que haya una reanimación de la economía. Sin embargo, explicaba que los argentinos eran ahorrativos de tal modo que todavía no habían hecho el click que permitiría que la rueda se pusiera en funcionamiento. El exmandatario tenía economistas en su equipo que, en aquel momento, explicaban la recesión por medio de argumentos desesperados, como la cantidad de feriados que había habido en un mes, que impidieron que la gente fuera de compras.

Macri recibió hasta burlas cuando hablaba de “brotes verdes” y “cataratas de inversiones” que reanimarían la economía. Prometía que ese fenómeno llegaría durante el segundo semestre. Aún así, los semestres se sucedían y aquel augurio no se cumplía. Tampoco reconoció nunca que su modelo incubara una recesión. El segundo ministro de Economía de Macri, Nicolás Dujovne, fue una mosca blanca: admitió que la Argentina estaba en una recesión pero aclarando que no se trataba de una crisis.

Milei se encuentra en la misma situación que sus predecesores: no reconoce que su modelo económico enfríe a la economía como consecuencia de la estrategia elegida para enfrentar a la inflación. A diferencia de sus antecesores, sin embargo, va un paso más allá. En los últimos días, ofreció dos entrevistas de gran significación.

Durante su paso por Nueva York, habló con el editor global de Bloomberg, John Micklethwait. Allí respondió a interrogantes críticos del entrevistador. Micklethwait sometió al Presidente a preguntas complicadas, aunque no las acompañó con repreguntas. Aceptó algunos argumentos de Milei que pueden ser defectuosos. Aquella charla permitió ver cómo funciona el mapa mental del Jefe de Estado, cómo interpreta los fenómenos y cómo intenta explicar ciertos números negativos de la economía que él preside.

Hay una característica central que repite en su segundo intercambio con un periodista. En diálogo con Luis Majul para LN+, atribuye los números ya no a problemas externos, como “la sequía” de Macri o el “efecto tequila” de Menem. Asegura que los datos hablan de una realidad falsa por errores metodológicos en su elaboración estadística. Para Milei, se está usando un termómetro que anda mal debido a que su programa realizó reformas de tal naturaleza que la metodología empleada para medir lo que sucede resulta anacrónica. ¿Es verdad que la política de Milei transformó de tal manera la Argentina que ya no se puede medir como se medía antes? ¿O es una forma de manipular la realidad, atribuyendo a errores metodológicos los problemas del propio modelo económico?

No es la única explicación del Presidente respecto de lo que pasa con la economía. Dice además que, para entender su funcionamiento, no hay que mirar la economía “blanca”, un argumento inusual. Para Milei hay que detenerse en la economía “negra” o informal, que “está volando”. Durante la primera entrevista en Nueva York, sostuvo que eso ocurre debido a que la gente no toma decisiones de inversión de largo plazo y opera provisoriamente, “en negro”, por miedo a lo que pueda venir. Con Majul, fue todavía más allá: atribuyó todo lo negativo a una conspiración política. Según Milei, las cosas no funcionan debido a que existe un complot tanto doméstico como internacional permanentemente en marcha.

Hay también una cuestión entre los números y Milei, aspecto raro ya que él es economista. Hace poco dijo que Lula da Silva, presidente de Brasil, le había dado a Sergio Massa US$1000 millones para favorecerlo en su campaña electoral. Ahora habla de los US$70.000 millones de una corrida y 20.000 terroristas deportados, a quienes acusa de ser personas que se infiltran impulsados por gobiernos extranjeros que quieren destruir el modelo argentino.

Un importante ensayista, filósofo francés, Jean-François Revel, que no tenía aprecio por los antropólogos, decía: “Cuando los leo a los antropólogos respecto de cosas que sé, empiezo a dudar sobre lo que me dicen de cosas que no sé”. Habiendo un presidente que se maneja así con las cifras, como las de “terroristas deportados” –de acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Seguridad y Migraciones, serían menos de 1700 las personas que tuvieron problemas para ingresar al país–, surge la duda respecto de qué cómo se manejará también con otros números.

Él mismo reconoció en su última entrevista que en la primera parte del año hubo un bajón recesivo, derivado de problemas políticos del año anterior. Mientras ese bajón ocurría, sin embargo, se enojaba con quienes lo mencionaban. Aparece una dificultad para admitir cuál es el verdadero funcionamiento de la realidad. Micklethwait lo deja en claro durante la charla en Nueva York. Le advierte que tenga cuidado con no reconocer los problemas económicos, ya que podrían provocar un problema electoral en 2027.

Milei vincula estos obstáculos no a una falla en su receta sino al miedo a que su receta sea abandonada. No es la única interpretación. La senadora nacional Patricia Bullrich, voz disonante dentro del Gobierno, sostiene que el que debe ser reelegido es “el modelo”, una frase que llamó la atención. Para la jefa del bloque de La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, la orientación económica promercado, con menos estatización, mayor competitividad y modernización, debe ser preservada en el tiempo. La afirmación de Bullrich sugiere la posibilidad de que quizás Milei no sea el candidato que garantice la continuidad de esta orientación. Tal vez haya que buscar otro candidato. ¿Ella? Es una fisura importante dentro del oficialismo, pero que todavía no está expuesta.

Al advertir a Milei sobre el vínculo entre la economía y las elecciones, el editor global de Bloomberg no se refiere a cifras en particular. Un trabajo de la encuestadora MIDE, que lidera Gonzalo de Janín, pregunta “¿En qué dirección va el país desde que asumió el gobierno de Javier Milei?”. Entre los votantes de Milei, el 69% dice que va en la dirección correcta, mientras que el 31% coincide en que el rumbo es equivocado. Para el caso de Bullrich, están en el orden del 60% y 40% respectivamente. Cuando la exministra de Seguridad realiza gestos de diferenciación, es necesario distinguir cuáles son los temas en los que discrepa. Esas cuestiones serán los temas de discusión de la próxima campaña presidencial. Los números negativos, por más que Milei lo atribuya a errores metodológicos, impactan sobre la lógica de poder del propio oficialismo.

El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella para el mes de septiembre se ubicó en 1,94 dentro de una escala del 1 al 5. Hubo una variación de -5,9% con respecto al mes de agosto. Es una caída importante ya que demuestra que la administración Milei nuevamente toca un piso, tal y como ocurrió en septiembre de 2025 y el pasado julio. Desde diciembre, la confianza cayó más de un 21%.

Este índice tiene una característica: misteriosamente, tiene una correlación de votos que obtendría el oficialismo si hubiera una elección el día en el que se emite. De esta manera, si hoy se votara, el Gobierno tendría hoy un 38,8% de los votos. Hay que tener en cuenta que, para ganar en primera vuelta, el sistema de balotaje exige entre un 40% y 45%.

Ahora bien, Milei está convencido de que hay un complot y de que los números están mal tomados por errores metodológicos, pero según el índice la gente cree otra cosa. Y el problema de la política es que el Gobierno debe lograr que la gente le crea. Hay una divergencia cada vez mayor entre la imagen de las cosas que tiene el Presidente y la que empieza a tener el electorado. Hay una tendencia de los mandatarios de pensar que, como le hace decir Sartre a uno de sus personajes, “el infierno son los otros”: el que opina distinto y no coincide en el diagnóstico.

Hay un malestar objetivo que tiene que ver con la caída de los salarios -que el Presidente niega- y la caída de la inversión. Si miramos en términos reales, cayó 11% medida año a año. En algunos sectores incluso bajó mucho, como en la fabricación de maquinaría (15%). La construcción se redujo en un 0,1% y el equipamiento para transporte en un 22%.

Al mismo tiempo, todas estas dudas, acompañadas por un clima de mucha incertidumbre internacional, hace que crezca el riesgo país, que está aumentando en muchos países emergentes, pero, comparativamente, en la Argentina mucho más. Es importante porque es el costo del crédito. Si el gobierno de Milei tuviera la expectativa, que la tiene, siempre frustrada, de salir al mercado internacional con un bono, hoy se le haría muy cuesta arriba porque se le cobraría una tasa muy alta.

El riesgo país de Uruguay, que acaba de tener una revisión “excelente” del FMI, es 65 puntos. Uruguay está gobernado por la centroizquierda del Frente Amplio y tiene un ministro de Economía muy profesional como Gabriel Oddon. El índice de Perú es 106; el de México, 196. El de la Argentina, en cambio, está en 628. Ese es un problema que inquieta al equipo económico porque implica que al país se le complica ser financiado. Es difícil que entre la sangre del dinero a mover la economía y, por lo tanto, nos tienen que financiar otros estados. Termina siendo una paradoja: un gobierno de alguien que odia al Estado tiene que recurrir al Estado -al de Estados Unidos y al que está representado por bancos multilaterales, como el BID o el Banco Mundial, para conseguir garantías al financiamiento.

Milei consiguió el cheque de Trump de 20.000 millones de dólares el año pasado. Luego logró una masa de dinero del BID, el Banco Mundial y la CAF, para respaldar créditos. No alcanza la garantía argentina y la gente que presta le tiene más confianza a esos bancos multilaterales. Se terceriza la confianza. También en lo institucional: las empresas que invierten prefieren que, en caso de conflicto, se resuelva en los tribunales de Estados Unidos.

La semana pasada se formuló un anuncio importante en Nueva York: un paquete de 7000 millones de dólares del EXIM Bank y la Corporación Financiera para el Desarrollo (DFC) de Estados Unidos para financiar un proyecto energético que consiste en un sistema licuefacción de gas que lleva adelante YPF. Allí interviene Pumco, una empresa importante de EE.UU. para la cual se dispone el financiamiento. Se trata de mecanismos que el sistema americano tiene para sus propias empresas.

Pumco está asociada al ENI (Ente Nacional de Hidrocarburos), de Italia, y eso hizo que Horacio Marín, presidente de YPF, espere que haya también crédito de un banco internacional público y una empresa de Emiratos Árabes Unidos.

No se trata de un crédito, sino de una masa de dinero para respaldar créditos del sector privado, que ahora hay que conseguir.

No es la primera vez que sucede, ya que hay cuatro experiencias anteriores del mismo tipo, para distintos lugares del planeta en los cuales hay que estimular para Occidente la obtención de hidrocarburos o minerales críticos. Es decir, detrás de todo esto se dibuja la confrontación con China. Y la Argentina consigue la garantía para el financiamiento porque está alineada con los Estados Unidos.

En los otros proyectos similares se hicieron los anuncios de determinados montos de dinero que todavía no se aplicaron y ya pasaron alrededor de tres años. Son procesos muy lentos. El propio Marín dijo que todo lo que se habla debe ser aprobado por el directorio del EXIM Bank.

El problema principal es la dificultad para conseguir financiamiento para animar la inversión. Este miércoles, el Gobierno se traslada a París porque va a haber una gran presentación argentina a cargo de Ian Sielecki, joven y muy eficiente embajador en Francia. Será muy importante porque van a asistir muchos empresarios europeos. De hecho, los presidentes de XRG, la empresa de Emiratos Árabes Unidos, y del ENI -los dos beneficiarios del anuncio del EXIM Bank y la DFC van a entrevistarse allí. En París se harán otros anuncios de inversiones. Irán 14 gobernadores y 3 jueces: Eduardo Farah, Sergio Fernández, caudillo del fuero contencioso administrativo, y otro de la Cámara Federal de General Roca, la que tiene jurisdicción sobre Vaca Muerta.

La Argentina se traslada a París en busca de inversiones. Cuesta mucho conseguirlas. A tal punto de que los que realmente ponen una moneda obtienen ventajas extraordinarias. Eduardo Eurnekian acaba de conseguir una nueva renovación del convenio para manejar los aeropuertos. Ahora le piden que ponga 600 millones de dólares pero renuevan el contrato para 2049, con una opción para extenderlo hasta 2056. Incluso, antes había estado cerca de que le renueven el contrato hasta 2066, en una maniobra que firmaba Facundo Leal, el funcionario al que luego le encontraron 2 millones de dólares y drogas en su departamento. Ahora está en prisión domiciliaria.

La concesión a Eurnekian se da con una tasa de retorno de 14,30%, lo que es muy generoso. De hecho, el empresario administra el aeropuerto de Florencia y la tasa de retorno de ese contrato es de 8,2%. El beneficio que obtuvo Eurnekián es muy importante: es el empresario que tuvo durante varios años contratado a Milei.

También hay otro caso similar: el del grupo de Daniel Vila, José Luis Manzano y Mauricio Filiberti, que acaba de conseguir, de forma disimulada en la ley que elimina el subsidio de zonas frías para un 1.600.000 personas, que les condonen una deuda gigantesca de las distribuidoras eléctricas. Ellos han adquirido durante muchos años la energía sin pagarla y esa deuda que contrajeron con quien se las vende, Cammesa, una empresa del sector público, se las condona con el argumento de que no se les dieron las tarifas que les tendrían que haber dado para poder pagar esa energía.

Manzano hace grandes negocios con este gobierno pero apareció, raramente, en la reunión que mantuvo el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en Nueva York. El gobernador se jacta de no haberlo invitado y no sabemos por qué fue. Milei se debe haber alterado porque le da negocios y es amigo de su hermana y de Santiago Caputo. ¿Está olfateando un cambio? Quizás el que se siente más traicionado es Sergio Massa, que es amigo suyo.

Massa es un competidor de Kicillof y está lanzado a la presidencia, aunque, ahora con un problema: Máximo Kirchner sostiene que la candidata debe ser su mamá. Asegura que ella quiere ser candidata y está esperando que el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas diga que tiene derecho a ser candidata porque es “inconstitucional” haberle vedado la candidatura cuando la sancionaron por el manejo de la obra pública en Santa Cruz.

Cristina Kirchner marca territorio y deja visto que, si ella no es candidata, los que sí lo sean van a serlo solo porque ella está proscrita. No es una forma de obtener una candidatura, sino poder: quien se postule está aprovechando mi proscripción.

En el peronismo se ha desatado una interna. Los peronistas huelen poder, como también lo hacen Manzano y Patricia Bullrich. Massa está ansioso por fustigar a Kicillof. Milei está ajeno a ese problema. Pero el domingo serán las elecciones en Brasil, donde Lula está empatado con el hijo de Bolsonaro. Allí intervinieron Trump y Xi Jinping, presidente de China. Es una elección globalizada.

Para la Argentina, esa globalización conflictiva es la expectativa de que, si bien desde afuera llegan los problemas, desde afuera también lleguen las soluciones.

En 1998, dos grandes historiadores, José Carlos Chiaramonte y Oscar Terán, le hicieron una entrevista muy interesante a Tulio Halperín Donghi que fue publicada en Todo es Historia. Allí, Halperín Donghi dijo: “El drama de la Argentina es que tuvimos una gran oportunidad entre 1870 y 1930 y, desde entonces, no hacemos nada más que esperar que el mundo nos ofrezca otra oportunidad. Y en esa espera, vamos decayendo”. 30 años después de esa entrevista, seguimos esperando lo mismo.



Fuente: LA NACION (extraído usando lector RSS).



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